Evocando a Carlos Montemayor en su 70 aniversario: primera parte

June 7, 2017

Artículo de "El Sol de Parral".

 

Este año se cumple el 70 aniversario del escritor parralense Carlos Montemayor. Después de siete años de ausencia se han realizado homenajes, Cátedras, conferencias, así como distintos eventos para evocar al poeta, tenor, traductor, luchador social, novelista, promotor de lenguas indígenas, entre sus múltiples facetas.

 

En esta ocasión gracias al Presidente municipal Alfredo Lozoya, Liliana Valdez, Francisco Sánchez Villegas, y Erick Regalado hemos estado coordinando las actividades que se llevarán a cabo el próximo fin de semana en memoria de Montemayor, que se llevarán a cabo en Parral. Las sedes en esta ocasión serán el 2º. Piso de la Biblioteca Franklin, el Teatro Hidalgo y el Hotel Viejo Mundo, en donde contaremos con las participaciones de: Jesús Vargas, Eduardo Laphond, Lavinia Ekaterina, Yukári Morales, Giantzé Jurado, Miguel Meléndez, Leticia Gámez, Jorge Alan Flores, Alma Gómez y Fernando Amparo. Será un homenaje muy emotivo y esperamos contar con su asistencia y evocar al escritor que tanta falta nos hace.

 

Entre los eventos en los que he participado están los Congresos de Literatura Mexicana Contemporánea celebrados en la University of Texas at El Paso, UTEP, en donde en los últimos tres años he compartido textos sobre la literatura de Carlos Montemayor. Comparto con ustedes la primera parte de este ensayo que leí en UTEP este año.

 

Aproximaciones a los cuentos El regreso y La muerte de Tsin Pau del libro “Las llaves de Urgell” de Carlos Montemayor

 

Primera parte

Las llaves de Urgell dio a Carlos Montemayor el Premio Xavier Villaurrutia en 1971. Este libro se distingue especialmente por la atmosfera onírica presente en la mayoría de los relatos, así como por una atmosfera fantástica. Los cuentos de El regreso y La muerte de Tsin Pau, además de estar permeados por una atmosfera onírica, encontramos aspectos rituales y de sacralidad, de otredad y de retorno al lugar de origen de los que hablaré un poco.

 

Gaston Bachelard en su libro La poética de la ensoñación expresa que: “la ensoñación es una actividad onírica en la que subsiste un resplandor de conciencia. El soñador de ensoñación está presente en su ensoñación.” (Bachelard, Poética Ensoñación 226) En esta vertiente, la inmensidad y la ensoñación conviven en los relatos. Por otro lado, imágenes de ritualidad permean los textos, al respecto, el investigador Mircea Eliade menciona que el rito permea los hechos significativos de los hombres y es en estos relatos en donde el ritual se ve reflejado en las acciones de los personajes. En El regreso, el personaje es un anciano profeta que repentinamente percibe su muerte y en la agonía ve a otro hombre que lo mira: “Ashahl-Ibn-Muslim-Iddan, agonizante, cargado de vejez, creyó recordar la imagen que los sueños le dieron desde su niñez hasta los días que ahora sentía terminar en la oscuridad de su lecho.” (Montemayor 45). A través del verbo “creyó”, las imágenes nos llevan del presente al pasado, de los recuerdos al momento de la agonía.

 

El espacio en donde se desarrollan las historias es significativo porque es en la habitación, lugar íntimo por excelencia. Además, el personaje regresa al lugar de origen; el eterno retorno quizá al paraíso perdido de la infancia. En La muerte de Tsin Pau, el personaje regresa a su casa, y en este retorno se detiene en el templo a agradecer, hay una especie de sacralidad en ambos personajes. Uno es un anciano profeta que escudriñó y estudió un Libro sagrado; el otro es un estudiante que regresa a su pueblo después de muchos años, entra a rezar en los altares y algo “inexplicable” sucede.

 

En ambos relatos se percibe una especie de ensoñación, de confusión. Es interesante notar la acción del “despertar”, como si el personaje despertara en otra realidad. Al abrir los ojos el personaje se encuentra con distintas visiones que se confunden entre la vigilia y el sueño. Las imágenes de ensoñación, alteridad e ilusión se cruzan con la realidad en ambos relatos. Para Bachelard: “El ser del soñador de ensoñaciones se constituye mediante las imágenes que suscita.” (Bachelard, Poética del espacio, 229) En El regreso: “El cansancio de la agonía le abrió los ojos, deseó saber si aún estaba, ver la habitación; pero el largo escrutinio del Libro los había lavado de la visión de las cosas y los cerró nuevamente” (Montemayor 45) Existe una especie de ensoñación en donde al abrir los ojos se percibe un despertar, un extraño estado entre vigilia y ensoñación.

 

En La muerte de Tsin Pau: “Tsin Pau, estudiante en la capital para gobernador de una provincia, regresó a su pueblo después de muchos años de ausencia y encontró todo igual, las calles, las casas, la planicie. En medio de la Calzada de los Templos bajó de su tosco carro de madera y entró a dar gracias en los altares. Después de orar, de sentir el reposo primero, se incorporó al rito de los ministros.” Para Eliade, el ritual refuerza y da sentido a las ceremonias y actos; el ritual forma parte de un orden, imita un arquetipo divino: “El que cumple un rito cualquiera trasciende el tiempo y el espacio profanos” (Eliade, Tratado de historia de las religiones, 385)

 

Algunos de los elementos importantes que encontramos en este relato son el jardín y la desnudez de Tsin Pau, símbolos quizá de la inocencia y de ese regreso al paraíso perdido de la infancia: “Lo llevaron a las habitaciones del jardín y lo sentaron en cojines. Tras él estaban sus padres, sentados a cada lado.” (Montemayor 80) Una especie de Santa Trinidad se percibe en esta imagen.

 

Mientras que en El regreso, una de las imágenes que aparecen es el desierto; metáfora tal vez de introspección, de soledad, de misticismo: “El sueño se repetía en su cabeza vieja: el anciano profeta que abandonó el desierto y bajaba a la ciudad en busca de reposo. Se apegó a su habitación, amó calles, casas, y creyó extraviarse en esos días, en el envejecimiento de sus recuerdos.” (Montemayor 46) En los dos relatos, el personaje, ve, sueña, despierta; en uno la ceguera permea sus últimos años de vida; la muerte es una especie de liberación y agonía conjuntas: “Al cabo de varios años su vida se quebrantó, su espíritu: lejos del desierto, lleno de vejez, en la serenidad terrible de la agonía, el profeta vio llegar la muerte, la suya, la que se le había destinado, la que le pertenecía, la muerte que solo era para él.” (Montemayor 46) La muerte predestinada al personaje; la muerte y el encuentro con nosotros mismos.

 

O bien, la imagen del alma que sale del cuerpo para observar el final: “Su recuerdo último fue la visión de un profeta agonizante, cargado de años, extraviado en una oscura habitación que al abrir los ojos ve junto a él a un anciano ciego que parece mirarlo. En la agonía es como un sueño que le permite mirar a otro hombre, a otro recuerdo.” (Montemayor 46-7) Es curioso notar cómo se describe la vida del anciano profeta: “su vida se quebrantó, su espíritu: lejos del desierto”; es decir, ¿algo pasó en la vida del profeta que lo llevó a la perdición?

 

La imagen del profeta cargado de años que regresa a su habitual hastío, la metáfora del desierto que podría reflejar la introspección, que significaría penetrar en el secreto del Libro, en los designios secretos de los dioses, tal vez esa sería la causa de la ceguera del profeta, una ceguera material, pero una visión espiritual en la que pareciera estar frente a una imagen de revelación, o maldición que permea ambos relatos: el anciano profeta que se ve en su habitación antes de morir y en Tsin Pau que “despierta” ante una habitación desordenada. En La muerte de Tsin Pau, Tsin Pau, duerme y abre los ojos, al despertar todo estaba desordenado, sucio, el espacio relatado pareciera coincidir con la atmosfera onírica de confusión.

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