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Carlos Montemayor y los 43

April 2, 2015

Nota de El Siglo de Torreón

 

 

Carlos Montemayor tiene una obra literaria que lo ubica en la historia de la literatura mexicana como uno de los más grandes. Su producción fue fecunda en los géneros literarios a que dedicó su genio desde la poesía hasta la novela; también abordó con mucha fortuna el ensayo y la traducción, el texto histórico y el estudio lingüístico.

 

En su narrativa, que mereció muchos premios y reconocimientos, destaca la trilogía novelística dedicada al ataque guerrillero al cuartel de Ciudad Madera, Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965. Con ese hecho y su secuela produjo las novelas Las armas del alba, La fuga y Las mujeres del alba, una zaga que inserta en la literatura ese importante acontecimiento histórico.

 

Otra de sus novelas con tema de la guerrilla contemporánea es Guerra en el paraíso. La guerra a que alude el título es la del pueblo guerrerense contra la larga injusticia que ha padecido; el paraíso no es sólo el poblado serrano llamado Paraíso ni el Acapulco turístico, sino, con ironía, todo el estado de Guerrero, tierra de los 43.

El primer párrafo de Guerra en el paraíso narra el inicio de la liberación de prisioneros civiles que habían sido recluidos no en una cárcel, sino en un cuartel, el Campo Militar Número Uno, de la ciudad de México. La acción ocurre a finales de 1971 y principios de 1972, es decir, el despertar de una década de intenso movimiento guerrillero en nuestro país.

 

En las siguientes primeras páginas Carlos Montemayor cuenta la muerte del que fue importante comandante de la guerrilla rural en Guerrero, Genaro Vázquez y la posterior aparición de Lucio Cabañas, como jefe guerrillero generado por los abusos del poder.

 

Con pluma rica en recursos literarios que da brillo a hechos lamentables Carlos Montemayor recrea la saña policial y militar empleada contra el pueblo guerrerense, particularmente contra indígenas serranos y campesinos, pero también contra periodistas, maestros y estudiantes.

 

Ante la simpatía que despierta entre los oprimidos la guerrilla de Lucio Cabañas, una general cuyo nombre real menciona la novela, pretende fichar y controlar a los campesinos de la sierra porque supone que todos apoyan a la “Brigada Campesina del Partido de los Pobres”, comandada por Lucio.

 

Un ejemplo del trato que según la novela recibían (¿reciben?) los indígenas aparece con el siguiente diálogo:

 

-No hablan español, sargento.

-Tú sigue, hasta que hablen.

-Pero le aseguro que no pueden.

-Mira cómo saben lo que estoy diciéndote. Se están haciendo pendejos. Todos encubren a Lucio. A ver tú, contéstame. ¿Con qué los ayudas, cabrón? ¡Contesta, o te sigo partiendo la madre!

-No entiende nada, mi sargento. No hablan español, no son gente de razón, pues.

-Pero mira sus ojos, fíjate cómo está entendiendo. Tú sigue. Si para media noche no han querido hablar en español, mátalos.

 

En la novela se ve cómo de manera indirecta la guerrilla de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas hizo que en la sierra se construyeran carreteras y centros de salud; se instalaran tiendas Conasupo y teléfonos y se llevaran algunas otras muestras del progreso.

 

Aunque la historia sustenta la ficción, el efecto estético de Guerra en el paraíso, novela de Carlos Montemayor, no depende de que el lector la conozca. El valor literario fluye desde el narrador, no desde el historiador. Una emoción sin pausa recorre la novela, la provoca la tensión creada a la vez por la sucesión de los hechos y por la vibración del estilo; surge de la precisión narrativa y de la capacidad poética.

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