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2015: El año de Carlos Montemayor en la disputa por la narrativa política de México

February 23, 2015

Nota de la Revista Hashtag

 

Por Neftalí Granados / @NeftaliGranados

 

El niño de siete años que iniciaba su vida musical rasgando las cuerdas de una guitarra en un hogar donde no faltaba el plato caliente sobre la mesa, tal vez no imaginaba que en la madurez de sus letras cobrarían vida las chozas humildes que hoy siguen llenando de contenido la profundidad de nuestro México. Esa infancia decorosa en Chihuahua más tarde se vería acompañada por un piano que pronto cedería el lugar a la voz del tenor en potencia, cuyo canto consolidado sería plasmado con fuerza en el papel con la firma de Carlos Montemayor.

 

El destacado escritor, traductor, académico, tenor, activista y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, galardonado durante su juventud con el Premio Xavier Villaurrutia por su primer libro Las llaves de Urgell, fue acercándose poco a poco a las problemáticas sociales del México trágico que le ha sobrevivido a su partida. En días próximos observaremos sendos homenajes que en caso de mutilar la perspectiva política e histórica de su trabajo y ceñirse estrictamente su carácter estético, bien podrán emitir el sonido de un cántaro hueco donde tarda más en caer una gota de agua que en evaporarse.

 

Su libro Guerra en el paraíso publicado en 1991 y considerado en palabras del autor como su “obra mejor lograda”, narra lúcidamente diversos episodios de la “guerra sucia” en México, situándose geográficamente en Guerrero – uno de los estados más pobres del país junto con Oaxaca y Chiapas- dentro del contexto nacional del periodo 1971-1974.

 

Es justo en aquel estado donde el pasado 26 de septiembre de 2014, cuarenta y tres estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa fueron secuestrados por quienes son responsables de brindar seguridad a los ciudadanos, sin que hasta la fecha conozcamos el paradero de los jóvenes, ni tengamos la certeza sobre la identidad de los autores intelectuales y materiales de este crimen.

 

El Estado mexicano se ha empeñado obsesivamente en defender una versión de los hechos carente de solidez, desconociendo los argumentos científicos del Equipo Argentino de Antropología Forense y negándose a abrir líneas de investigación que se aparten de lo que consideran que debe ser una “verdad histórica” más allá del concepto jurídico, en la cual no se contempla ir tras las huellas o realizar el mínimo cuestionamiento a uno de los elementos de la sacrosanta institucionalidad nacional corrompida: el Ejercito Mexicano.

 

Es en este momento de la historia donde la prosa de Montemayor cobra vigencia, pues describe de manera magistral el papel que ha jugado la institución castrense en la vida política de Guerrero, un estado donde al parecer el viento no mueve una sola hoja del árbol sin que la milicia tenga conocimiento de ello o sea partícipe de su ritmo.

 

Es necesario destacar que el trabajo citado se sustenta en una ardua investigación documental que llevó al autor a explorar los senderos más escabrosos, en un tiempo donde la obtención de información oficial era casi imposible. Montemayor logra detallar la actuación del 27 Batallón de Infantería en la represión sistemática de los movimientos campesinos, magisteriales y estudiantiles de la época, así como su papel en la persecución e intento de exterminio de quienes participaron en los movimientos encabezados por Genaro Vázquez y Lucio Cabañas.

 

La historia de nuestro país y de nuestra dolida y amada Latinoamérica, nos muestra al Estado como actor principal de los crímenes de lesa humanidad que han bañado en sangre y llanto a nuestros pueblos, por esa “razón histórica” la ciudadanía y los padres de familia de Ayotzinapa tienen razón al pedir que se investigue a los militares y sentenciar con claridad: FUE EL ESTADO.

 

El trabajo académico de Montemayor entra en la disputa por la narrativa del presente y brinda elementos para la construcción de una “verdad histórica desde abajo”, conectando palabra, memoria y pensamiento en un ejercicio capaz de orientar la acción, donde a la sociedad en proceso de organización le corresponde hacer suyas las calles y construir colectivamente una narrativa del pueblo, apuntando en un sentido de transformación social, verdad, dignidad y justicia.

 

Guerra en el paraíso se convierte en una lectura obligada para las juventudes indómitas que desean comprender el presente y tal vez – esto depende del pueblo-, será uno de los libros que marquen la vida del actual habitante de Los Pinos, independientemente de que lo haya leído o ignore su existencia.

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